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El objetivo de la filosofía moral griega es la excelencia de las personas, buscando siempre lo que se denomina una «ética de las virtudes». “Virtud” es el término con que traducimos al griego areté, que significa la excelencia de una cosa: desempeñar bien el propio fin, la función de cada cosa. Todo tiene su fin, su télos, de tal forma que alcanzarlo es llegar a la virtud, a la excelencia.

Así, no existe un único concepto de virtud platónica sino conceptos que se complementan entre sí: «Virtud como sabiduría», que es un concepto socrático, que nos lleva al conocimiento de las Ideas de Bien, Justicia, Valor, Piedad…. Platón intenta unir todas las virtudes en la idea del Bien. «Virtud como purificación»: El hombre virtuoso es el que purifica su alma y la desprende del cuerpo para poder acceder a las Ideas, como idea  con influencias pitagóricas. En el Filebo, Platón admitirá con todo que una vida “buena” y “virtuosa“ es una vida “heterogénea” en la que hay que saber aceptar también el placer con cierta moderación. «Virtud como armonía»: La Justicia es considerada como la virtud fundamental y consiste en “el acuerdo de las tres partes del alma. La armonía surge cuando “cada parte hace lo propio” de tal manera que “dominen o sean dominadas entre sí conforme a la naturaleza”.

A ese fin al que tiende cada cosa y, por extensión, al fin del ser humano los griegos le llaman agathós, el “bien”. «Ser virtuoso, aplicado a los humanos es lo mismo que ser bueno, ser una buena persona». Y puesto que la virtud es la excelencia, alcanzar y tener areté consistiría en ser aristos, el mejor.

Ética proviene de êthos que, a su vez, significa manera de ser, carácter. «Buscar la dimensión ética de la existencia implica esforzarse por forjar una manera de ser virtuosa», de acuerdo con ese bien último que debía buscar y alcanzar la existencia humana. Así planteada, la ética supone dos cosas: que la naturaleza o la vida humana tiene un bien o un fin determinado que hay que realizar. Y que esa realización depende del ser humano.

Sócrates con el objetivo de llevar a cabo una reforma moral de la polis, pone como punto de apoyo el saber y en el punto central de su reflexión, la esencia del hombre, la cual radica en su alma, entendiendo por tal la razón. Y su tarea como instructor será enseñar a los hombres el cuidado del alma para que ésta alcance la virtud. Ello le lleva a un nuevo concepto, en el que identifica «la virtud como conocimiento y el vicio como consecuencia de la ignorancia». Nadie peca voluntariamente, sino que quien hace el mal, lo hace por ignorancia del bien. Identifica la virtud con el saber.

El saber del que habla Sócrates es un saber práctico acerca de lo mejor y más útil en cada caso que puede ser enseñado y aprendido. Así, no bastan, las habilidades naturales, para ser bueno y virtuoso. Nadie nace siendo virtuoso, sino que la virtud puede y debe adquirirse. Y es en eso, en intentar adquirir la virtud, lo que consiste la formación del carácter o la formación moral de la persona. «Así la ética está estrechamente vinculada a la educación», a la adquisición de hábitos y costumbres que son los que van formando el carácter.

Sócrates defiende la obediencia a las leyes de la ciudad de la que uno forma parte como la mejor garantía de las virtudes morales Observa que en el desarrollo de la vida política, de la vida pública, de la socialización del ciudadano, las virtudes de moderación y respeto por las leyes, se debilitan al tiempo que se impone el comportamiento político individualista y demagógico. Preocupado por la decadencia de la polis, su objetivo principal es recuperar el compromiso del ciudadano con la polis. Respetar la ley es respetarse a uno mismo. Y da ejemplo con su vida al enfrentarse a la condena fiel al pacto con la ciudad.

Como conclusión de su pensamiento, está la idea de que, partiendo de la consecución de la virtud, a través del aprendizaje, la formación del carácter, y del conocimiento de uno mismo, se llega finalmente a la realización de la justicia en la polis y se alcanza necesariamente la felicidad.

Por su parte Platón, en el libro La República analiza lo justo y lo injusto. Platón necesita demostrar la necesidad moral, tanto para el Estado como para el ciudadano, de regir la conducta de acuerdo con la justicia. Y cuando un griego habla de justicia, está también se refiere a la virtud, a la idea del bien, principio de buen orden en las sociedades, las republicas, y en las almas, origen de la felicidad pública y privada; donde atisbamos del Dios de Platón.

Platón nos propone un juego diabólicamente sencillo. Considera la República un ente moral, en todo análogo a la persona, menos en sus proporciones no humanas. Para Platón, el ideal de una sociedad perfecta, virtuosa y feliz tiene su principio y fin, en que la política esté subordinada la moral. Y lo mismo demuestra en relación al alma, forma de gobierno individual de cada ser humano, que le lleva al mismo resultado, buscar el ideal del alma humana bien gobernada y completamente feliz, ya que aspira a la virtud, claro está, porque practica la justicia.

En masonería, la alianza y, cómo no, compromiso con la virtud y las personas virtuosas, nos lleva a la necesidad de hacer el bien, practicar la justicia y ser felices, en el sentido griego del término. La sentencia nos dice «Lo que la virtud ha unido, nunca lo separe la muerte»: Lo que adquirimos, en nuestro camino iniciático debe tener respuesta en la capacidad de ponerlo en práctica. Poner en práctica la Virtud, la búsqueda del bien y la justicia, y como nos enseña el mundo socrático la formación del carácter y el conocimiento de uno mismo debe ponerse al servicio del bien supremo, de la mejora de la sociedad, en definitiva a la práctica de la virtud, quiero decir el ser capaz de ser feliz.

PGP