Seleccionar página

Tradicionalmente, en la historia de la masonería se distinguen dos periodos claramente definidos: la “masonería operativa”, marcada por el desarrollo de la arquitectura gótica y la construcción de catedrales, que tuvo su auge entre los siglos XI y XIV y, la denominada masonería especulativa, basada en las reglas tradicionales de la masonería operativa en cuanto a instrumental simbólico, lenguaje, emblemas y ritos básicos, que supondrá, una vez acabado el tiempo de la construcción física, el paso a la edificación del “Templo de la Humanidad”, teniendo como punto de partida la publicación en 1723 de las “Constituciones de Anderson”.

En la masonería operativa los gremios se agrupaban para defender sus derechos y transmitir unos conocimientos que guardaban celosamente. El arte de la construcción era un oficio de los denominados “jurados”, no sometido a las ordenanzas del Estado, y exigía a los aspirantes la prestación de juramento y el sometimiento a pruebas iniciáticas. Viajaban constantemente, entrando en contacto con diferentes culturas y religiones, lo que les facilitaba una mente más abierta, preparando el librepensamiento que acuñaría después la masonería especulativa.

Las guildas de constructores eran organizaciones generalmente masculinas pero con métodos que permitían a las mujeres acceder a ellas: aprendiendo el oficio del padre, sucediendo al marido en el caso de las viudas y participando en aspectos organizativos como, por ejemplo, la contratación de obreros. La presencia de la mujer en logias y talleres está sobradamente documentada, y una de las primeras citas que existen es de 1256: hace alusión a Gunnilda, masona de Nordwich.

En 1318 la leyenda nos presenta a Sabina von Steinbach, hija del maestro constructor Erwin von Steinbach, arquitecto encargado de la construcción de la catedral de Estrasburgo, que es contratada para esculpir las alegorías de la sinagoga y la iglesia en el frontispicio de la catedral. En 1375, en la Guilda de los Carpinteros, a la que pertenecían los albañiles de York, se hace mención a la pertenencia de “hermanos” y “hermanas”. En 1389 es usado repetidamente el vocablo “hermanas” en el certificado de la guilda de masones de Lincoln. En 1408 en la Guilda del Corpus Cristhi de York se indica a los aprendices que: “deben obedecer al maestro o dama o a cualquier otro masón”. Empleando la palabra dama como equivalente femenino de maestro.

La extensa documentación sobre la presencia de la mujer en la masonería operativa queda reforzada en los miniados de códices y manuscritos de la época; entre las más conocidas están Mujeres constructoras” que figura en el Códice de 1447, Roman des Girart von Roussillont, en la Biblioteca Nacional de Viena, y, “mujer esculpiendo una imagen con la ayuda de un mallete y un cincel” del libro “De claris mulieribus” (1321) de Boccaccio.

Las referencias a la presencia femenina en masonería seguirán durante todo el siglo XVII, y a principios del XVIII (1713-1715), los registros de la Venerable Compañía de Masones, en el manuscrito 5984 de la biblioteca del salón de las guildas en Londres, figura: “numerosos aprendices son asignados a maestras masonas”.

El hecho de que los modelos masculino y femenino se encuentren en permanente mutación”, en palabras de la historiadora María Viedma, “no significa que también lo estén en evolución (al menos en términos de derechos y libertades) pues la historia misma es, como se sabe, una trama de avances y retrocesos”.

Grave retroceso para la presencia de la mujer en masonería fueron “Las Constituciones de Anderson” (1723) que en su artículo tercero dicen: “Las personas admitidas como miembros de una logia tienen que ser hombres de bien y leales, nacidos libres, de edad madura y circunspectos, ni siervos, ni mujeres, ni hombres sin moral o libertinos, sino de buena reputación”. En ese momento la mujer no participaba en la vida política ni en la universidad, pero tenía un papel importante en la vida social y la aristocracia, por lo que su exclusión no fue fácilmente entendida ni aceptada. Por ello no se resignó y pocos años después, en Francia, fundaron sus propias sociedades, con cierto renombre, pero cuyas ceremonias, más cercanas a la parodia burlesca, poco tenían que ver con el auténtico rito.

En 1774 el Gran Oriente de Francia crea la masonería de adopción, logias femeninas bajo la tutela de masculinas y con importantes diferencias rituales. La auténtica “iniciación”, que es lo que identifica la calidad de masón, les era negada. Hasta marzo de1893, fecha de creación de la primera logia de “Le Droit Humain” siendo Marie Deraismes y Georges Martin sus fundadores, la mujer no alcanzará plena igualdad como masona.

Pero estos fueron tiempos muy posteriores a lo que pretende ser el tema que nos ocupa, la presencia de la mujer en la masonería operativa. Su importante y silenciada presencia. El catedrático de historia medieval Corral Lafuente considera probado que un tercio de los constructores de la catedral de León eran mujeres: “Las mujeres tuvieron un papel predominante. Unas fueron maestras de taller, también hubo maestras de obra, y pintoras de frescos, retablos y miniaturas, por mucho que la historia oficial las condenara al olvido”.