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¿Quién es un refugiado o un desplazado? Es aquella persona que tiene que abandonar su lugar de origen o residencia habitual por razones políticas, religiosas, sociales, raciales o por pertenecer a un grupo concreto que es perseguido. Definición a la que hay que añadir a la población civil afectada por los conflictos armados de los que no toma parte. El refugiado traspasa la frontera de su país y el desplazado no.

La Historia de la Humanidad está llena de migraciones, éxodos y desplazamientos: primero, en búsqueda de climas favorables y tierras prósperas; más tarde, por motivos políticos, religiosos y culturales; después, por conflictos bélicos como las dos guerras mundiales y la guerra fría entre capitalismo y comunismo; ahora, por la incapacidad de los líderes mundiales de situar a la Paz y los Derechos Humanos como prioridad de su hacer en esta globalización sin gobernanza.

Y, ¿qué tienen las personas refugiadas para poder recuperar su sentimiento de pertenencia a un lugar, su dignidad y respeto por parte de “el otro” y su proyecto de vida? Tienen, al menos, la Convención de los Derechos Humanos y las sucesivas Declaraciones de Naciones Unidas; tienen los Derechos Fundamentales de la Unión Europea y tienen las leyes de los países democráticos que recogen el deber de acogimiento y el derecho de asilo.

¿Es suficiente?: claro que no. ¿Por qué? Porque falta la voluntad política y social de desarrollar, cada día más y mejor, esas leyes, y, falta también la voluntad de impulsar acciones solidarias para integrar e insertar social y laboralmente, entre todos, a estas personas y sus familias.

Tienen la solidaridad de ACNUR y de tantas ONG que en el mundo trabajan por y para ellas, las personas que se han quedado sin nada, errantes por un mundo más hostil de lo que se pensaban.

Para no estar poniendo parches en el trabajo solidario se necesita de una diplomacia, no técnica sino política, en la que la Paz y los Derechos Humanos sean prioridad en su trabajo y objetivos; se necesitan gobernanzas democráticas para que el interés general esté siempre por encima de los intereses particulares de países y de grupos; se necesita que Europa recupere su agenda histórica basada en cuatro pilares: democracia, redistribución de la riqueza, igualdad entre hombres y mujeres y solidaridad entre los pueblos; se necesita de ciudadanías maduras que apoyen una Educación en valores y la voluntad coherente de practicar la solidaridad fraternal.

Mientras no demos pasos en estas direcciones, crecerá el número de personas que viven en la desesperación: 65,7 millones de refugiados y desplazados, 20 millones de ellos con el Estatuto de Refugiado; 50% de ellos son niños y niñas de menos de 18 años, apátridas buena parte de ellos; 30% de ellos son ellas, mujeres. Demasiados “ellos y ellas” que hay que hacer “míos y mías, nuestros y nuestras”. No olvidemos que la mayor parte de refugiados están siendo “protegidos” en países con muchas dificultades: Turquía, Pakistán, Líbano, Irán, Uganda y Etiopía. ¿Se entiende esto?

Para un masón o masona trabajar por el progreso de la Humanidad es comprometerse con estos nómadas perdidos por el mundo, con la Paz y con los Derechos Humanos.

Ha dicho una voz masona.