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El solsticio de invierno es el día más corto del año, el momento en que la noche se alarga por más tiempo. El sol se para un momento en su camino por el cielo y encuentra su punto más lejano del ecuador terrestre, para desde ahí comenzar de nuevo a mantenerse cada día más tiempo en el cielo. Señala también el inicio del invierno astronómico.

En el hemisferio norte esto sucede en los días finales de diciembre, y en el hemisferio sur en junio. Este año 2018 el momento exacto será el viernes 21 cerca de la medianoche, a las 23:23 horas en el hemisferio norte.

La mayor brevedad de la luz diurna, que además sucede en invierno, cuando por la climatología el cielo está más cubierto y hay menos luz debieron hacer de este día algo especialmente amenazador para los seres humanos desde la lejana antigüedad. Hay que imaginar lo que era ese momento para los seres humanos – criaturas diurnas por nuestra anatomía – antes de disponer de luz artificial fácilmente obtenible como ahora. Lejos de la amabilidad del verano, tras la terminación de la cosecha, parecería que no volverían nunca los felices días llenos de luz y de vida en la naturaleza.

En ese momento ya se habían tenido que recoger las provisiones para el invierno: los frutos secos, la carne ahumada, las confituras  y salazones… porque a partir de ese momento llegarán los meses apenas sin vegetación. Era un momento de desconcierto y vulnerabilidad, de sentirse a merced del clima y tal vez de un mal año para la cosecha, de tiempos de mala caza o de problemas con el ganado… Esos meses de poca luz eran también el momento de preparar las actividades del año siguiente, de planificar, de imaginar…, de tener más tiempo para el arte, la música y el reforzamiento de los lazos familiares y de grupo.

Era también un momento de esperanza, porque los días cada vez se prolongaban más, cada vez se iba a más luz… y esa mezcla de temor y esperanza de los meses sin luz ha hecho que dioses redentores como Mitra o Jesucristo nacieran en el solsticio –o en fechas cercanas, si se decidía mantener un día fijo-. Porque qué mejor momento para hacer nacer a un dios salvador que en ese momento de extrema oscuridad, a partir del cual la luz va haciéndose cada día mayor…

A los masones nos gusta sentirnos cerca de la naturaleza y de las antiguas tradiciones espirituales de la humanidad, por eso los dos solsticios del año son nuestras dos grandes fiestas. Y la más grande es el solsticio de invierno que sucederá en unos días.

Porque nos sentimos como la semilla que, enterrada en la tierra, comienza su transformación que dará lugar a la germinación y el florecimiento y explosión de vida de la próxima primavera. Es un momento de introspección, de evaluación de lo hecho a lo largo del año, de cómo se ha hecho y de lo que nos quedó pendiente. También de lo que queremos hacer en el futuro. Y en el trabajo incesante que nos proponemos los masones a la búsqueda de nuestro mejoramiento personal, es por tanto un momento de especial importancia. No sólo recordamos, evaluamos y planificamos…, también festejamos juntos esta gran fiesta de la renovación de la vida. Tenemos rituales especiales para ese día, que solemos celebrar junto a otras logias cercanas en el espacio o en nuestros afectos, y lo culminamos con un banquete, entre brindis y alegría compartida.

En estos mismos días la sociedad cristina celebra el nacimiento del que llaman Salvador con las fiestas de la Navidad, que se sitúan en el mismo momento del año que las antiguas festividades paganas. Son fiestas de alegría, de celebrar juntos la familia y la amistad

Este año, a partir del día 22 de diciembre podremos decir que ha llegado el invierno, y si observamos bien, veremos con facilidad que los días cada vez son un poco más largos, que cada día hay un poco más de luz, y que el renacimiento que traerá la primavera está cada vez más cerca.

Por lo tanto, ¡celebremos! ¡Celebremos la vuelta del sol a retomar fuerza, celebremos la germinación de la semilla en la profundidad de la tierra, celebremos la fuerza omnipresente de la vida, que en su círculo infinito se encamina ahora hacia una nueva primavera!

Redacción Voces